La actividad portuaria tradicional ha generado y sigue generando alteraciones en el entorno natural, con impactos sobre el capital natural. En los últimos años, los esfuerzos se han intensificado, centrándose principalmente en reducir y controlar las presiones ambientales asociadas a la actividad.
Hoy, sin embargo, la necesidad de cambio va un paso más allá: avanzar de la mitigación hacia la restauración de los ecosistemas marinos.
Esta orientación responde a una dinámica global y europea cada vez más definida (Kunming–Montreal Global Biodiversity Framework COP15, EU Nature Restoration Regulation), con objetivos concretos y medibles. A ello se suman crecientes exigencias de trazabilidad y reporting corporativo (como la CSRD u Omnibus) y estándares vinculados a la biodiversidad y el capital natural (como las ISO 17298:2025 o ISO 17620:2025), que reclaman metodologías comparables y resultados verificables.